En la actualidad, la
investigación del ámbito deportivo, junto con la biomecánica (ciencia que
estudia la aplicación de la mecanica-física en relación con el cuerpo humano y
las fuerzas que actúan en dicho cuerpo como resultado del movimiento) y el
desarrollo de las nuevas tecnologías y materiales han conseguido poner a nuestra
disposición la posibilidad de elegir nuestro calzado deportivo en función de
la actividad física que vayamos a realizar.
Parámetros como actividad,
suelo en el que se va a desarrollar la actividad, tipo de pie, colores, marcas y
precio hacen que la elección adecuada sea realmente complicada, ya que si a esos
parámetros le sumamos que lamentablemente todavía quedan establecimientos donde
el personal a cargo entiende poco o nada del tema el resultado puede ser como
poco una perdida de dinero.
Vamos a intentar ofrecer un protocolo a la hora de elegir el calzado deportivo
más adecuado.
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ACTIVIDAD. Está claro que es
determinante. No hay más que ver que el diseño, peso y configuración es
diferente por ejemplo en una zapatilla de running (para correr) que en
una zapatilla de fútbol o una de baloncesto. Se parecen en los cordones,
y a veces ni siquiera en eso.
Hay que intentar evitar utilizar el calzado deportivo para una
actividad diferente para la que se diseñaron, ya que actualmente las
marca especializadas en zapatería deportiva utilizan conceptos y pruebas
biomecánicas para estudiar la actividad a realizar y que fuerzas,
rozamientos, tracciones y amortiguaciones y tipo de terreno (resulta
evidente que no es igual correr por hierba que por asfalto) con que nos
encontramos en su práctica, de manera que puedan desarrollar una
zapatilla preparada para que el pie del deportista no se vea perjudicado
y a la vez aproveche de forma óptima el máximo de sus capacidades.
Normalmente un cartel en la parte superior de los expositores anuncia el
tipo de actividad para el que están destinadas.
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TIPO DE PIE. A primera vista
todos los pies pueden parecer iguales, la mayoría tenemos cinco dedos en
cada pie pero ahí terminan los parecidos. Pies pronadores (tobillos
tienden a girar hacia dentro. 50% aprox. de la población), pies
supinadores (justo al contrario. 10% aprox. de la población), pie neutro
(no hay ningún tipo de desviación en el apoyo. 40% aprox. de la
población), pie egipcio (dedo gordo más largo), pie griego (segundo dedo
más largo), pie cuadrado (primer y segundo dedo de la misma longitud),
pie cavo (arco plantar más pronunciado), pie plano (arco plantar muy
escaso o inexistente) hacen que necesitemos de un calzado específico o
cuñas y accesorios para adaptar zapatillas neutras a cada
característica, y si a todo esto sumamos que la edad, el sexo (género) y
el peso son también determinantes para elegir el calzado nos encontramos
aparentemente con demasiados parámetros que manejar que pueden hacer la
elección del calzado parezca demasiado complicada aunque en realidad no
lo es tanto.
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PRECIO. Uno de los criterios
determinantes. Nuestra zapatilla ideal se nos sale de precio. ¿Qué
hacemos? A primera instancia debemos tener en cuenta que es más
rentable gastarse más dinero en el calzado que en el resto de la
indumentaria, pero a menudo el público opta por que sea el precio el
que determine la zapatilla sin percatarse de que finalmente acabará
pagando igualmente con dinero o con lesiones.
Imaginemos un coche deportivo con las ruedas de un utilitario pequeño.
Probablemente podría circular a muy baja velocidad, pero sería imposible
aprovechar las cualidades del deportivo.
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ESTÉTICA. Debe ser el
último criterio a tener en cuenta, pero debido a la gran oferta que
existe hoy en día tenemos la posibilidad de encontrar una zapatilla
buena, adecuada y a nuestro gusto.
Finalmente con estos criterios probablemente nos encontremos con tres o cuatro
zapatillas entre las que elegir.
Nos las probaremos con el pie debidamente dilatado después de haber estado
caminando al menos diez minutos, llevaremos el tipo de calcetines que vamos
a usar en la actividad y nos probaremos las dos zapatillas ¿A caso vamos a usar
un solo pie? No nos fiaremos de los números, esto solo sirve para que el
dependiente no nos traiga diez pares a ver cual nos vale, nuestro número
habitual será el punto de partida y podremos sumar o restar 2/3 a cada número
para ajustar mejor.
Nunca nos deben rozar los dedos y comprobaremos que las costuras interiores no
nos hacen daño, es el calzado el que debe de adaptarse al pie y o al revés.
Vamos a pagar seguramente entre 60 y 150 euros por un par de zapatillas, así
que nos las mantendremos puestas por lo menos cinco minutos y andaremos,
flexionaremos, nos pondremos sobre las puntas y sobre los talones comprobando
como nos están.
Los dependientes profesionales no pondrán ninguna pega y además nos orientaran
adecuadamente, por eso una recomendación estupenda es que acudamos siempre a
establecimientos especializados pero con las ideas claras.
Finalmente, todos estos útiles consejos no sirven de mucho si llevamos el
calzado sin abrochar o mal abrochado, firme pero que no corte la circulación.
HAY
QUE ATARSE BIEN LAS ZAPATILLAS.
Jorge Serrano Dasca
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